Cómo descubrimos la Disciplina Positiva

Cómo descubrimos la Disciplina Positiva

Raquel

La Disciplina Positiva se asomó a mi vida (bueno, más bien, yo la busqué a ella), cuando me di cuenta de que la complejidad de la crianza iba siendo cada vez mayor, y más si cabe al intentar practicar una crianza consciente y respetuosa.

La llegada de un segundo hijo nos puso la vida patas arriba (de nuevo), y por supuesto todo se complicó muuuucho más, tanto para salir de casa los cuatro, como para acompañar y atender las necesidades y emociones de nuestros hijos.

Los gritos aumentaron exponencialmente (los nuestros y los suyos) y según el pequeño crecía y los conflictos entre hermanos iban apareciendo, me sentía incapaz de abordar aquel panorama sin desbordarme.

¡Ay! Los terribles dos, dicen… A los dos años con aplicar lo que leía y recomendaban expertos en los que confío, me servía, pero esto era jugar en otra liga y yo no sabía afrontarlo.

Necesitaba herramientas más allá de las que conocía, lejos de la crianza y educación tradicional y autoritaria. Herramientas que me permitieran poner límites y mantener el respeto y el amor incondicional hacia mis hijos.

Y resulta que aunque yo no lo recordaba, la Disciplina Positiva ya se había colado en mi casa, pero la teníamos arrinconada y olvidada. 

Años atrás le regalé a mi marido el libro base de esta forma de vivir y sentir, “Como educar con firmeza y cariño”, que él leyó y disfrutó, y por eso añadí al pack un curso online para que pudiera “vivenciarlo” algo más. 

Curso que se quedó aparcado y que rescaté meses atrás, para junto a la lectura del libro, empaparme de esta forma de hacer y resolver conflictos.

Descubrí que esto era lo que quería para mi familia.

Quería mantener el respeto por y para todos.

Quería autocuidado y autorregulación.

Quería ver más allá del comportamiento y ser capaz de encontrar la raíz de los actos de mis hijos.

Quería eliminar la culpa y sustituirla por responsabilidad.

Quería tener coraje para ser una adulta imperfecta y consciente de sus errores.

Y por eso y mucho más que harían infinito este post, me acerqué cada vez más, hasta meterme de lleno y decidir certificarme como facilitadora de Disciplina Positiva para familias.

Y no te voy a engañar, los gritos en mi casa no han desaparecido, pero mi consciencia y respeto por y para todos es cada vez mayor, algo fundamental para el cambio definitivo.

Lo mismo que quería para mi familia, deseo enormemente trasladarlo a la tuya si es lo que estás buscando, si algo de todo esto te resuena y conecta contigo.

Irantzu

Durante los primeros 4 años de mi hija mayor no recuerdo tener esa “necesidad” por saber cómo gestionar una rabieta. Evitarlas y acompañarlas entre los dos padres era más o menos sencillo. Tampoco recuerdo ningún grito ni pérdida de control por nuestra parte.

Dicen que la llegada de un hijo te cambia la vida, pues a nosotros nos la cambió la llegada del segundo. Es verdad que el amor se multiplica pero también la dedicación, la atención y los cuidados… y los conflictos.  Ay, ahora sé que he estado toda mi vida evitando el conflicto, creyendo que solo estabas bien si no peleabas con la pareja, los amigos, en el trabajo… ¿y con los hijos? 

Empezamos a gritar a nuestra hija mayor cuando saltaba en la cama cerca del pequeño, cuando hacía ruido y podría despertarlo… No me reconocía reaccionando así y llegó un momento en el que decidimos buscar ayuda para entender qué nos pasaba y qué podíamos hacer para tener menos conflictos (porque para mi no eran buenos)

Buscando información por Internet dimos con un curso online de Disciplina Positiva. Con dos niños pequeños, el cansancio y el panorama que había en casa no nos apetecía nada asistir a cursos presenciales.

La disciplina positiva fue como un soplo de aire fresco. No terminaron los conflictos ni mucho menos ya que las herramientas que propone no son soluciones mágicas ni a corto plazo. Sí que nos ayudó a:

-Ver los conflictos como una oportunidad de aprendizaje. En lugar de querer eliminar a toda costa el “mal comportamiento” tratamos de relajarnos, acompañar la rabieta y ver qué hay detrás del mismo para poder entender a nuestros hijos.

-Aceptar nuestros errores y pedir disculpas de verdad, sin justificar nuestro mal comportamiento (gritos, reproches)

-Vernos a todos en el mismo barco. En los conflictos nada gana ni pierde, sino que intentamos buscar soluciones que nos sirvan a todos.

-Dedicar tiempo especial a nuestros hijos. Cuando tienes más de uno es necesario conectar con cada uno de ellos para que se sientan escuchados y que pertenecen.

Sobretodo nos recordó que ya teníamos la actitud para seguir por el camino de una crianza consciente y respetuosa pero sentimos una gran liberación al quitarnos la culpa de no hacerlo perfecto.

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