¿Por qué tiene rabietas mi hijo?

¿Por qué tiene rabietas mi hijo?

Tu hijo/a se enfada. Mucho. Muchas veces.

Y tú lo llevas fatal. No le entiendes, no entra en razón, no sabes cómo evitar esos momentos tan desagradables, y gran parte de las veces, acabas contagiándote de su enfado.

En este post pretendemos arrojar algo de luz sobre este “temazo”: descubrir qué se esconde tras esos enfados constantes.

¿Cuáles son las causas de las rabietas?

Los sentimientos de rabia, frustración, enfado y tristeza los tenemos habitualmente integrados como algo “malo”. Tanto si son propios como de los demás. Son emociones que nos remueven y nos generan incomodidad, y al convertirnos en madres/padres y chocar a menudo con momentos en los que estas emociones se desbordan, nos suele costar, y mucho.

Los enfados de los niños se denominan habitualmente “rabietas”, ya que cuando aparecen son una explosión incontrolable de rabia que no son capaces de dominar. Son enfados de personas cuyo cerebro superior no está desarrollado.

Las emociones de los niños y niñas pequeños son intensas. Es lo que llamaríamos emociones en estado puro. La felicidad es máxima, al igual que lo es el enfado o la tristeza, y así los expresan, con todo su potencial.

Las primeras frustraciones o enfados suelen aparecer cuando dan sus primeros pasos. Entonces, con esa recién autonomía adquirida, asoman los primeros “¡No!”, que nos suelen resultar muy graciosos.

Estos pequeños enfados (o no tan pequeños, según sea el temperamento de nuestro hijo o hija), irán evolucionando hacia el momento que se considera popularmente álgido de las rabietas, los dos años, o aDOSlescencia. En esta etapa las frustraciones son muy habituales.

El deseo imperante de autonomía, unido a los límites que ponemos en casa, la escuela, la calle, etc.; y la falta de destrezas de nuestro hijo o hija en determinados ámbitos, generan un cóctel explosivo que estalla cuando menos nos lo esperamos: Abrimos una puerta que él/ella quería abrir, cortamos un plátano por la mitad cuando lo quería entero, y una ilimitada serie de situaciones que para nosotros como adultos pueden carecer de importancia, pero para ellos y ellas suponen un mundo.

Superada esa fase solemos creer que hemos pasado “lo peor”, y según van creciendo nos damos cuenta que “la diversión” no ha hecho más que empezar. Los enfados continúan de forma potente, y si no habían aparecido anteriormente, puede ir incorporándose manotazos, patadas, palabrotas o “insultos”. Cualquier medio es bueno para hacernos saber que están enfadados.

“Pero, ¿qué le pasa?”

Puede que cuando nos encontremos en una fase de enfados constantes o sintamos incluso que deja ser una etapa y pasa a convertirse en rutina, nos desanimemos, desesperemos y sintamos perdidos.

“¿Qué estoy haciendo mal?” “No sé que hacer con él/ella…”

La teoría del iceberg: ¿qué hay detrás del comportamiento?

Te invitamos a que te imagines un iceberg. Estas “montañas de hielo” esconden grandes misterios bajo el agua, y lo que podría parecer un pequeño bloque de hielo, resulta inmenso si miramos más abajo.

Bien, pues esto ocurre habitualmente con los enfados o rabietas de nuestros hijos. Lo que vemos es tan solo un 20% de su realidad, de sus sentimientos y pensamientos, de lo que realmente le ocurre. El 80% está oculto, y somos nosotros los que tenemos que averiguar qué hay debajo de ese “mal comportamiento”.

Cuando te enfrentes al próximo enfado de tu hijo o hija, te proponemos que, en primer lugar, respires profundamente, y a continuación valores varias cosas:

1. Su edad

Hay enfados y frustraciones que van de la mano con determinadas edades. Hablábamos, por ejemplo, de la conocida como aDOSlescencia. Bien, pues esos enfados y rabietas hay que pasarlos. Lo ideal es fijar únicamente límites necesarios e imprescindibles y dejar el “NO” para esas situaciones. Generar constantes prohibiciones incrementa las frustraciones y por lo tanto las rabietas. Así que “Relax. Take it easy”.

2. Necesidades fisiológicas no cubiertas

Hambre, sueño o el maravilloso “sueñambre”. Estos enfados suelen desparecer cuando comen y/o descansan. Lo ideal es no entrar en el bucle, empatizar y satisfacer la necesidad pendiente. Un porcentaje elevadísimo de enfados suelen derivar de este punto. Niños y niñas muy cansados, que no descansan lo suficiente y “no pueden con la vida”. Aprovecha el cambio de hora y adelanta rutinas, verás como todo fluye mejor.

3. Metas equivocadas/Creencias erróneas

Los niños tienen una lógica privada. Están siempre tomando decisiones acerca de ellos mismos, las relaciones con otros y el mundo que les rodea. Perciben muy bien lo que ocurre pero suelen interpretan mal.

Se crean una creencia errónea y para conseguir su propósito (pertenecer y sentirse útil) deciden actuar y reaccionar con “malas conductas” como pegar, gritar, llorar, morder… Su comportamiento es su forma para conseguir lo que quieren.

Si paramos la mala conducta con castigos, amenazas y premios, la tapamos por un tiempo ya que la creencia errónea sigue ahí debajo y volverá a salir en forma de “mal comportamiento” hasta que el niño consiga su meta. Si le hacemos sentirse peor de lo que ya se siente no le ayudamos a conseguir su propósito. Evitarán el castigo mintiendo o sometiéndose pero su creencia errónea sigue ahí.

«La mala conducta no es más que una falta de conocimiento, una falta de competencias eficaces, una conducta apropiada para la etapa de desarrollo, una expresión de desanimo o desmotivación, o a menudo, el resultado de algún accidente que nos induce a reconectarnos con nuestro cerebro primitivo, donde la única opción radica en entablar luchas de poder o en retraernos y no comunicarnos”

Jane Nelsen, psicóloga norteamericana cofundadora de la Positive Disciplina Association

Con nuestro ejemplo podemos influir en el comportamiento de nuestros hijos, controlando nuestra propia conducta, demostrando respeto y empatía.

Las 4 creencias equivocadas

Dreikurs, discípulo de Adler, psiquiatra austríaco en cuyo trabajo se fundamenta la Disciplina Positiva, descubrió cuatro metas equivocadas o creencias erróneas que adoptan los niños cuando se sienten desmotivados:

Atención excesiva: “sólo siento que pertenezco cuando me prestan atención”

Poder mal dirigido: “sólo siento que pertenezco  cuando estoy al mando y tu no me mandas”

Venganza: “siento que no pertenezco y por eso te hago daño”

Insuficiencia asumida: “me rindo, no sé hacerlo y no lo voy a intentar, haga lo que haga no me vas a tener en cuenta”

“Un niño que se porta mal es un niño desalentado”

Rudolf Dreikurs

Comprender qué hay detrás de la conducta nos permite saber qué nos quieren decir los niños para comprenderlos y alentarlos. 

No es sencillo dar con la meta errónea, a veces la conducta puede venir de más de una creencia.

Talleres vivenciales de Disciplina Positiva

En los talleres vivimos a través de “roll-plays” cómo funciona esta teoría del iceberg y las creencias erróneas, y os facilitamos más información para tratar de dar con aquello que se esconde bajo el iceberg, el motivo del «mal comportamiento», siempre desde el respeto mutuo y el amor incondicional hacia nuestros hijos e hijas.

Aquí tienes toda la información de los próximos talleres presenciales

  • Taller intensivo Disciplina Positiva 5 Abril 2020. CANCELADO

    50.00

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