«Si te portas mal, no te traerán nada los Reyes Magos»

«Si te portas mal, no te traerán nada los Reyes Magos»

«Los Reyes Magos lo saben todo», «Se lo voy a decir a Papa Noel», «Pórtate bien o el Olentzero te traerá carbón»

¿Alguna vez has dicho estas frases a tu hij@ para que dejara de gritar, de pegar a su herman@… para que deje de hacer algo que no te gusta o no debe hacer?

Seguramente habrá obedecido a la primera porque amenazar sin regalos, después de todo el año esperando, es una de las peores cosas que le puede pasar a un niñ@ en Navidad. Es darle donde más le duele y es efectivo, claro que lo es. Es, además, una amenaza «nueva» que no se usa durante el resto del año así que hacen caso a la primera.

¿Y qué tiene de malo? Son frases que tenemos muy integradas y nos salen en piloto automático porque nos las decían nuestros padres.

En este post queremos que reflexiones sobre lo que implica usar amenazas para conseguir que nos hagan caso, y si ya lo has hecho, qué puedes hacer para reparar el daño.

Consecuencias de las amenazas

Al utilizar amenazas con tu hij@ le estás metiendo el miedo a perder algo, a recibir un castigo, en este caso, quedarse sin regalos de Navidad.

Por ejemplo, tu hijo pequeño le ha quitado al mayor un juguete y éste le pega al pequeño para que se lo devuelva. Y le dices al mayor «como le pegues otra vez a tu hermano los Reyes no te van a traer regalos, que saben que te has portado mal»

Eso es chantajear, no es educar.

Educar es explicarle porqué no debe pegar a su hermano (ni a nadie), empatizar con él ya que su hermano siempre le está quitando cosas, contarle que está aprendiendo de quién es cada juguete, y entre los dos buscar otra forma de recuperar su juguete la próxima vez que se lo quite sin pegarle.

Las amenazas a corto plazo son una medida efectiva ya que apaga el fuego y se termina la rabieta, pero no enseñamos nada ni desaparece el motivo, la creencia errónea del niñ@. Volverá a aparecer el fuego en otra ocasión y puede que la amenaza ya no surta efecto.

Las amenazas, castigos y premios son parches que no solucionan el problema de fondo.

Amenazar tiene estos efectos no deseables:

  • Usar amenazas como estrategia para conseguir sus objetivos con sus amig@s «O juegas a este juego o ya no eres mi amigo», y con los padres y madres «O me vistes o te pego».
  • Niñ@s sumis@s que hacen caso por evitar el castigo, o rebeldes que hacen lo contrario a lo que les decimos porque se sienten herid@s al recibir la amenaza y quieren vengarse.
  • No enseñan habilidades de vida como la empatía, comprensión, respeto, ser resolutiv@s… muy importantes para que sepan desenvolverse en la vida.

Por otro lado están los premios que dejan al niño más contento que un castigo pero los efectos también son negativos:

  • Se acostumbra a recibir premios y cada vez quiere más o sino no hace caso.
  • Le creamos la necesidad de recibir recompensas por hacer las cosas. Se centra en el resultado y no en el proceso.
  • Son dependientes del premio y les cuesta ganar en autonomía.
  • Tampoco detectamos el problema que provoca el «mal comportamiento» del niñ@ ni le ayudamos a solucionarlo.

¿Y qué hacemos si ya hemos recurrido a amenazas?

En primer lugar no te sientas culpable, como decíamos antes son frases que no salen automáticas en momentos de desbordamiento, pero como adultos que somos con un cerebro superior desarrollado tenemos la capacidad y responsabilidad de reparar el daño y de cambiar nuestra actitud para ganarnos a los niños en lugar de ganarles, para conseguir que nuestro hij@ colabore.

La Disciplina Positiva nos propone ver los errores como oportunidades de aprendizaje. Puedes decirle a tu hijo que te has equivocado que no es cierto y pedirle perdón sin excusas. Después solucionar entre los dos el problema que haya habido. Una solución respetuosa tiene que estar relacionada con el problema y satisfacer las necesidades de los dos.

Solucionar una rabieta con dejarle sin regalos de Navidad, además de ser mentira, no es respetuosa, no está relacionado con el problema y no enseña ni educa a tus hij@s.

¿Te habías parado a pensar en las consecuencias de estas frases navideñas? ¿Las has dicho alguna vez?

Cuéntanos en comentarios 🙂

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